El panel de la mañana del sábado prometía resolver el dilema de cómo organizar el trabajo, estructurar un texto y finalmente publicar una crónica exitosa. Pero lo único que hizo fue confirmar que cada autor es un mundo y que cada uno tiene su método y manías. Me atrevo a decir que algunos de ellos no son completamente concientes de su método y me atrevo a más: creo que son estos espacios los que les permiten sentarse a pensar en cómo lo hacen. El resto del tiempo lo están haciendo.
Pero si que se pueden reseñar algunos denominadores comunes que estos Nuevos cronistas emplean, viven o sienten, mientras tratan de retatar la realidad. Por ejemplo que al comienzo del trabajo siempre flotan en el aire algunas preguntas: ¿Quién decide que este tema interesa?, ¿A quién le interesa?, ¿Cuáles son las historias que no se cuentan pero que interesan a la gente?. Respondidas o no, si el cronista decide apostar por el tema, en adelante tendrá que detenerse para observar las escenas, los espacios. Para escuchar. Incluso para casi meterse en la piel del otro. Tendrá que conversar con muchas personas y fijarse en cómo se expresan, que palabras utilizan, qué gestos hace, cómo se viste. Y un impreciso número de qués, cómos, cuándos y dondes, que como la sal y el azucar, han de ser administrados a gusto y necesidad del autor.
El periodista Wilber Torres, de México, incluso llegó a identificar qué dolencias padecía el tan popular y desconocido gremio de los camareros para una crónica extensa que los retrataba. José Alejandro Castaño, de Colombia, retrató la cruda realidad del país, a partir del cruel destino de un perro mula. Son detalles, cosas, a primera vista simples, cotidianas o irrelevantes, las que marcan la diferencia en la manera de abordar y finalmente contar las historias. ¿Cómo se hace un perfil de un asesino antropófago con el que tienes un sinfin de entrevistas, pero cuyo testimonio no es fiable porque, entre otras cosas, está diagnosticado de esquizofrenia?. Sinar Alvarado, colombovenezolano, asegura que entrevistó a más de 80 personas (familiares, víctimas, autoridades, etc.) para reconstruir lo más fielmente posible, la historia.
Durante esta sesión surgieron un par de discusiones "escueleras", sobre las herramientas para trabajar. Que si a la grabadora, que no. Que escondida, que hay que contarle al entrevistado que está siendo grabado. La conclusión es que no hay conclusión. La usa el que la necesita y el que le tiene fe y la deseña el que confía en su memoria. La triunfadora sigue siendo la libreta de notas.
Mostrando entradas con la etiqueta García Márquez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta García Márquez. Mostrar todas las entradas
sábado, 3 de mayo de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)